Nuevo EP de Los Invisibles

En las últimas semanas se editó el nuevo trabajo de Los Invisibles, un proyecto que tuve la suerte de producir, grabar y mezclar en mi estudio La Siesta.
Escuchen sus canciones, las de este EP y las anteriores. Historias directas, pequeñas, memorables.

Cuando el miedo inspira

Esta mañana de sábado, después de sacar al perro con mi hija mayor, rebozar unas veinte milanesas para luego freezarlas y hacer lo mismo con tres bandejas de ñoquis de sémola, destapé una cerveza en lo que me pareció que era un merecido momento de descanso. Afuera se caía el cielo, y ya se rumoreaba que peligraba la primera final libertadora que tenía como protagonistas a Boca y a River, el Papa se manifestaba a favor de la separación gradual de la Iglesia y el Estado y, perdido entre otros tantos artículos, me crucé con una columna de Pablo Plotkin, uno de los periodistas/escritores de mi generación que más disfruto leer.
En este caso tomaba la palabra de la escritora Natalia Moret para hablar del desafío de combinar la escritura con la paternidad.
Salvando la lógica distancia que me separa de los nombres que engalanan ese texto, no pude evitar darme por aludido.
Como muchos, empecé a trabajar al poco tiempo de terminar el secundario: fui escaneador en una agencia de clipping, telemarketer en un call center, periodista, cronista de partidos de rugby, creativo en agencias de publicidad, extra en comerciales olvidables, productor de programas políticos de radio, conductor de radio, productor de música y, claro, músico. También, apenas pasados los treinta años, me mandé a escribir mi primera novela. Empecé con un par de páginas y terminé con una historia que no volví a leer, pero que recuerdo digna.
Cuando escribí la novela no tenía hijos. Vivía solo. Trabajaba de 9 a 18Hs. Llegaba del trabajo, me sentaba a escribir. Cenaba mientras escribía. Me echaba a dormir una siesta a las 23Hs. Me despertaba a las 3 de la mañana, seguía escribiendo y después seguía de largo al trabajo. Así un año.
Estuvo muy bien.
Cuando me enteré que iba a ser padre tuve -además de la alegría de todo aquel que haya esperado esa noticia un buen par de años- un miedo inmenso.
¿Iba a poder seguir dedicándole tiempo a mi rancho de canciones y textos?
Y si tenía tiempo, ¿iba a tener la inspiración?
Ese miedo detonó algo, una fuerza y un caudal de ideas que no había sentido antes.
En los primeros tres años de vida de mi hija mayor ya había escrito tres discos con canciones nuevas (creo que los más parejos que hice hasta ahora) y editado un disco en vivo. Todo esto, también, haciendo magia entre horarios esclavos, una hija, después otra, y el tiempo que demanda la construcción de la idea que cada uno pueda tener de lo que es un hogar.
Ahora, mientras leo que la Conmebol anuncia que el partido de ida de la final de la Libertadores está confirmado, pienso que como nunca tuve la oportunidad de dedicarme exclusivamente a mi obra (si es que existe tal cosa), no sé cómo sería eso.
En mi caso no tener tiempo siempre formó parte de la locura de crear.
No lo digo como algo malo: no sabría cómo hacerlo de otra manera.
Necesito ese caos.
Y el miedo.
Que te paraliza o te eyecta hacia lo desconocido.
Y eso es maravilloso.
No existe el momento ideal para hacer. Existe el momento. Y punto.

El llanto de una de mis hijas me dice que ya es hora de preparar el almuerzo.
La seguimos en otro momento.

PD: El partido -finalmente- se suspendió.