Nota en Diario La U


Martín Elizalde: "Dentro de una novela hay mil canciones"

Nos encontramos con Martín Elizalde, cantante y compositor de Falsos Profetas, para charlar de su primer novela y de "Chaparrón", el nuevo disco solista.


Resulta irónico que la primera novela de Martín Elizalde se titule “No hay nada romántico en Buenos Aires” porque pocos compositores de la escena rockera lograron canalizar a través de su obra musical los recovecos románticos de la capital. El titulo puede ser engañoso, porque si algo aprendimos con su música es que Buenos Aires tiene un romanticismo único.
A punto de cumplir 18 años al frente de Falsos Profetas, banda con la cual logró conjugar a la perfección el rock con la melancolía tanguera, Elizalde llega con un aluvión creativo: en septiembre de 2013 editó “Chaparrón”, su segundo trabajo solista, grabado enteramente en su estudio hogareño junto a varios músicos de bandas amigas como Superlasciva y Bicicletas. Asimismo, en junio pasado, publicó su primera novela a través de la editorial “Otro Contar” que cuenta la historia de un publicista que a partir de la muerte de su madre vuelve a la ciudad tras 15 años de autoexilio en España. “Ese viaje de 15 años es en un punto figurado”, nos cuenta Martín, y agrumenta: “Muchas veces hemos pasado mucho tiempo aislados en nosotros mismos, y cuando termina, te preguntás qué estuviste haciendo durante todo ese tiempo. Podés tener esa sensación de reencuentro con tu entorno más próximo, hasta con tu esposa, sin tener que haber viajado a ningún lado, solo haber viajado adentro tuyo”.

¿La historia ya la tenías pensada o nació con la idea de hacer la novela?

Fue surgiendo. Tenía algunos disparadores y básicamente de lo que habla son tópicos que abordo en las canciones, pero más desarrollado: las dificultades de interactuar, cómo encarar la soledad y describir las emociones. No tanto cuando pasa algo importante, sino en el antes y en el después. En la guerra pasan millones de cosas, pero la preparación y el momento posterior siempre fue lo que más me interesó para describir. Es el momento donde uno se mira al espejo y termina de sincerarse. El resto es actuación.

¿La matriz creativa es la misma a la hora de escribir una canción que una novela?

Es otro lenguaje, y me di cuenta a medida que iba avanzando. Adentro de una novela hay mil canciones, y cada personaje tiene su historia. Pero si hay algo de autismo o de aislarse a la hora de hacer canciones o escribir. Uno está siempre está con la cabeza en otro lado, metido en uno mismo, y hay algo de egoísmo en eso, pero en algún punto es inevitable: esto no es como un trabajo de oficina que salis a las 19 y cerrás la puerta. Es difícil escaparse de uno mismo. La necesidad de hacer canciones, escribir historias o hacer una novela tiene que ver con eso: con ese mundo interior que está todo el tiempo consumimientote tiempo y espacio, es como una especie de urgencia.
Si tuvieras que linkearlo con otros autores, ¿cuáles serían?

Salvando las enormes distancias, te puedo nombrar autores que me gustan mucho como Henry Miller, Haruki Murakami, Andrés Rivera, Selva Almada, Juan José Saer. Me gusta la gente que describe. Arranqué estudiando periodismo y una de las cosas que me quedaron bastante grabadas, y que después apliqué en las canciones, es la importancia de las descripciones. Y esta es una novela bastante descriptiva. Las canciones que hago son bastante descriptivas, y los libros que me gusta leer son bastante descriptivos. Describir es un aprendizaje permanente: es muy difícil que la descripción no entorpezca el relato, sino que sume y aporte. La dosificación de la descripción dentro del relato es una de las cosas que más me centré a la hora de trabajar el libro.

Las sombras del estadio

¿Cuál fue el motor para hacer otro disco solista y no otro de Falsos Profetas?

Para bien o para mal, hago muchas canciones, y siempre tengo esa sensación que si siento que tengo canciones esperando a ser grabadas, la tarea creativa se adormece. Está bueno sentir hambre y sentir el vértigo de saber que no tenés canciones. Te empuja a escribir desde tu yo actual. Yo podría grabar canciones que escribí hace muchos años, pero me interesa más grabar canciones que hablen de cómo muevo las cosas ahora, al margen de que no hablen de mi puntualmente. Entonces los discos solistas nacieron como una necesidad de ir vaciando esa mochila de canciones para dar lugar a canciones nuevas.

Comparado con Falsos Profetas, este es un disco que tiene una impronta más pesimista…

Hay algo de cuestionamientos, del paso del tiempo y del rol que uno va ocupando con su entorno, que están descriptos de una manera más pesimista. Pero también creo que hay algo de ese pesimismo en las letras de los Falsos. La dinámica y la energía del grupo hacen que esas letras estén acompañadas de un pulso más visceral y más urgente. Por ejemplo, eso genera algo muy bueno en los recitales: se genera un clima de una catarsis colectiva que toca nervios sensibles, pero la energía de la banda te lleva a ir exorcizando algunos demonios mientras lo vas cantando. “Chaparrón” es más introspectivo y más denso. Hay menos válvulas de escape. Es el disco más experimental que he grabado. Me propuse probar muchas cosas. El hecho de armarte un estudio en tu casa, por más rudimentario que sea, te permite jugar a ese sueño que tenía de estar grabando todo el día en Abbey Road (risas). Probás, total no pasa nada, no te corre el tiempo ni perdés plata.

Si tuvieras que ubicar tu obra y la obra de los Falsos Profetas dentro del mapamundi del rock nacional, ¿dónde lo harías?

Hay una canción de la banda que habla de las sombras del estadio…y creo que la banda ha estado siempre un poco en las sombras. Hace 18 años que estamos tocando, y siempre estamos a unos metros del centro de atención. No te voy a mentir, por supuesto que estaría bueno que ese foco de luz en algún momento cambie de dirección y se enfoque un poco en nosotros. Pero el hecho de haber estado en las sombras de la escena nos ha permitido hacer lo que queríamos y construir nuestra historia desde un lugar muy honesto. Creo que estamos en un lugar especial. Siempre me pone contento que cuando tienen que describir a Falsos Profetas les resulte difícil, y tienen que hablar de tres o cuatro bandas para encontrar la onda.

¿Qué creen que les falta para que ese foco los ilumine a ustedes?

Por ahí es un error, pero hace tiempo dejé de pensar en lo que tiene que hacer o dejar de hacer la banda para que el foco se centre en ella. Nos ha pasado en varios discos que en tu entorno te dicen ‘con este álbum se van para arriba’…y la verdad es que después te sentís bastante idiota por habértelo creído. Mi objetivo ahora es hacer cada vez mejores canciones, grabarlas lo mejor posible y que terminen sonando poderosas. También uno tiene que asumir que no todo es para todos, y que por ahí la manera que uno tiene de canalizar, transmitir, escupir lo que a uno lo moviliza, no tiene por qué interesarle a otra persona. Lo peor que uno puede hacer es tratar de interpretar qué es lo que quiere la otra persona porque entonces perdés la manera más cobarde de todas, que es traicionándote. Por eso creo que Falsos Profetas es una banda con actitud, que va lenta, inexorable y orgullosamente…al pabellón de fusilamiento (risas).

*“No hay nada romántico en Buenos Aires” se puede conseguir en las librerías “Clásica y Moderna” (Callao 892), “Ref” (Honduras 4191) y “La Libre” (Bolivar 646).

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