Entrevista para Revista El Bondi

"No me considero cantautor, no, más bien solista de rock"

El multifacético Martín Elizalde charló con El Bondi sobre su primer disco solista luego de la separación de Falsos Profetas, banda de la que fue líder desde 1996.

Texto: Lucía Fernández
Foto: Philippe Caillon



-¿Crees que este disco puede estar influenciado por ‘‘ No hay nada romántico en Buenos Aires‘‘, tu primera novela?
-No, al menos no está influenciado de un modo directo. Lo que sí pudo haber pasado es que la publicación de “No hay nada de romántico en Buenos Aires” me sacó un peso de encima desde el punto de vista de las letras. Me pude relajar y escribir las canciones con un lenguaje más directo, sin tantas vueltas. Aprendí mucho en el proceso de escritura de la novela. Fui cerca de un año y medio al taller de Diego Paszkowski, y saqué mucha data de esa experiencia. En ese sentido me parece que las letras y las canciones en general de este disco son las más poderosas que hice hasta ahora.

-¿Podría establecerse algún punto en común entre ambos proyectos?
-Hay una inquietud y una necesidad de incorporar nuevas emociones y nuevos paisajes. La ciudad ya no es el escenario en el que se libran todas las batallas. El litoral cobra fuerza. Pasé buena parte de los veranos de mi infancia en Entre Ríos, mi abuela paterna nació en Gualeguaychú, y en estos últimos años volví a tener un acercamiento con ese clima tan especial, lento, pausado del sur de Entre Ríos. Durante muchos años le había dado la espalda, me generaba mucha angusta conectarme con ese pasado. Tanto la novela como el disco se vieron influenciados por este reencuentro interno.

-¿En que se diferencia de ‘‘Amores de trinchera‘‘ y ‘‘Chaparrón‘‘?
-La principal diferencia está en que los dos discos solistas anteriores fueron concebidos en paralelo a la carrera de Falsos Profetas. En esos trabajos exploré distintos lenguajes, procesos de producción, fueron un poco más experimentales, porque no tenía sentido hacer algo que se pareciera a lo que estábamos haciendo con la banda. Fueron dos aventuras que me nutrieron mucho. Ahora me permití combinar todos los elementos de esos discos con el espíritu de rock urbano tan característico de los profetas. Es el disco más rockero que hice hasta ahora, tiene un trabajo de guitarras bastante interesante, planteado como para salir a defenderlo en el vivo con dos guitarras. Las baterías son demoledoras y las líneas de bajo tienen mucho groove. Por otro lado, es el primero de los ocho discos que edité hasta ahora que no incluye fuelles de ningún tipo, ni bandoneón ni acordeón. El último disco de Falsos Profetas tenía bandoneón en todas las canciones, y estuvo buenísimo, pero ahora necesitaba vestir las canciones con otros sonidos.

-¿Cuáles son los pro y contra de trabajar un material solista luego de haber trabajado 18 años con Falsos Profetas?
-No hay ninguna contra, todo suma. Trabajar al servicio de Falsos Profetas fue lo mejor que hice en mi vida hasta ahora. Pensar que con amigos de la adolescencia construimos ese pequeño gigante que se agranda a medida que pasan los meses me llena de alegría. Creo que dejamos una huella importante en cuanto a los estilístico, ocupamos un lugar que nadie había ocupado hasta entonces. Aprendí mucho de este oficio de ser músico, conocí muchos lugares, tocamos en los escenarios más destacados de la ciudad. Falsos Profetas es eso para mí, la primaria y la secundaria juntas, ahora llegó el momento de salir a la vida. Todo fue mágico con la banda, incluso la despedida. Nos dimos la posibilidad de cerrar bien esa historia, con dos recitales a sala llena en Siranush. No me hubiera gustado que la banda se disolviera sin un recital de despedida. Hay que aprender a dar la cara a la hora de cerrar las historias.

-¿Qué representa para vos "la distancia perfecta"?
-El título sale de una frase de “La guerra que escondimos”, canción que forma parte del disco, y hace referencia a esta idea de que todo lo que nos rodea (personas, recuerdos, sustancias, deportes, comidas, en fin, todo) está a una cierta distancia de nosotros, y el trabajo más difícil es encontrar la distancia perfecta para cada cosa. Cuando empecé a trabajar en este disco me pregunté cuál era la distancia que tenía que tomar de todo el proceso creativo, de la producción, etc, y me di cuenta de que no tenía que haber ninguna distancia, tenía que estar empapado en la obra, fusionarme con ella, y en este caso esa fue la distancia perfecta. Nunca había tenido tan en claro cómo quería que sonase el disco como con “La distancia perfecta”, y cuando uno tiene el norte definido todas las decisiones son más fáciles de tomar. En otra etapa la distancia perfecta que tuve con otros discos fue de alejarme un poco y delegar en otros productores, como Pelu Romero, Acho Estol y Ariel Lavigna, que me enseñaron todo lo que sé sobre este maravilloso oficio de hacer discos, y probablemente en un próximo disco también quiera estar un poco más alejado, pero sentí que para empezar esta nueva etapa tenía que hacerme cargo de la situación y ponerle el pecho a las balas.

-¿Cómo definirías tu presente como solista con tres discos en tu haber?
-Estoy muy entusiasmado, la banda se suena todo, son unos músicos increíbles y es un tremendo lujo tenerlos tan comprometidos al servicio de estas canciones. No recuerdo cuándo fue la última vez que salí de un ensayo tan feliz como ahora. Incluso al tocar canciones viejas, de la época profeta, los chicos le ponen un pulso que las renueva por completo y siento como si las estuviera cantando por vez primera. Me gusta esta etapa. No me considero cantautor, no, más bien solista de rock, y estamos en un país que tiene una gran historia en ese sentido, así que estoy muy cómodo con el espacio que me toca.



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